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17 Jul

El uso de los garbigunes de Bizkaia creció un 28,43% en junio con respecto a los meses previos a la crisis sanitaria

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LA VANGUARDIA

El uso de los garbigunes de Bizkaia durante el mes de junio se incrementó un 28,43% con respecto a la media de personas usuarias registrada en los dos primeros meses del año, antes de que se produjeran las restricciones de movimientos establecidas para frenar la expansión del covid-19. En concreto, en junio utilizaron la red de estos centros forales 29.681 personas, frente a la media de 23.110 registrada en enero y febrero de este mismo ejercicio.

Según ha informado la Diputación, esta subida viene a compensar el efecto contrario que se produjo durante el período en el que se establecieron limitaciones al movimiento e incluso el confinamiento de la población, momento en el que se redujo a más de la mitad (52,48%) la cantidad de personas que utilizaron los garbigunes, de manera que si la media era en enero y febrero de 23.110 personas, esta cantidad se contrajo hasta las 10.981 personas en abril y mayo.

El incremento en el número de usuarios es aún más significativo si se comparan los datos de junio de este año con los del mismo mes del año pasado: el aumento es del 37,58% (29.681 personas frente a las 21.573 personas en junio del año pasado).

Ligado al aumento del uso de los garbigunes se ha producido también un ascenso notable en la recogida de residuos voluminosos, madera y línea blanca. El crecimiento del conjunto de estas fracciones es del 30,21% durante el mes de junio con respecto a la tendencia inicial de 2020, tras haberse producido en el período en el que se restringieron los movimientos de personas una bajada media del 45%.

De hecho, de 1.823 toneladas de estas fracciones recogidas de media en los meses de enero y febrero, se ha pasado a las 2.373 toneladas en junio. El aumento más significativo es el que ha experimentado el depósito de electrodomésticos de línea blanca que alcanza el 69,46%, después de sumar 62,50 toneladas frente a las 36,88 toneladas de media en los dos primeros meses del año.

En el caso de voluminosos y de madera, las cifras se corresponden con un 31,62% (1.411,16 toneladas) y un 26,06% (900 toneladas), respectivamente. Todo ello produce un incremento del 41,74% con respecto a junio de 2019.

El resto de residuos que se recogen en los garbigunes también han crecido, aunque en menor medida, tras este período de alarma por el covid-19. Ello ha supuesto un aumento de la actividad del sector del reciclaje en Bizkaia, cuyo ecosistema empresarial representa el 6,6% del PIB, factura 2.642 millones de euros y da empleo a 6.120 personas.

13 Jul

“Para avanzar hacia un modelo económico circular, primero habría que evitar los vertederos”

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RETEMA

En una entrevista recogida en el último número de la Newsletter de Sogama, donde se repasa la actividad de esta empresa pública durante los momentos más críticos de la crisis del COVID-19, Antonio Orrego Durán, uno de los profesionales más destacados del sector por su amplio conocimiento y dilatada experiencia, reflexiona sobre el papel que ha jugado la recogida y el tratamiento de los residuos en el marco del estado de alarma, ya que, si bien ya era considerado un servicio esencial, durante la crisis sanitaria ha quedado más patente que nunca.

Defendió la extraordinaria tarea de las empresas públicas y privadas que trabajan en el ámbito de los residuos, ya que, con independencia de su condición, todas ellas llevan “grabado en su ADN la voluntad de servicio público” y su alto grado de profesionalidad.

En todo el desconcierto que ha generado la pandemia, ensalzó la labor de las plantas de valorización energética que hay en España (11 en total) al poder tratar en las mismas la parte no reciclable de los desechos, evitando su transporte a otros destinos y consiguiendo, mediante la combustión a altas temperaturas, la eliminación de contaminantes y la puesta en valor a través de su conversión en energía eléctrica; y, en algún caso, como Barcelona y Mataró, mediante el suministro de vapor a un District Heating.

Orrego Durán también hizo una lectura sobre la generación y características de los residuos durante la fase de confinamiento en nuestro país. Si bien durante el primer período hubo una fuerte caída en la generación de desechos, acentuada en los municipios con intensa actividad turística y comercial, como es el caso de Madrid y Barcelona, lo cierto es que, en el resto, esta caída fue más liviana, viéndose compensada la inactividad comercial con una producción más intensiva de la basura en los hogares, similar a la que tiene lugar durante los fines de semana y festivos.

La producción de residuos de envases creció entre un 20 y un 30% debido al consumo propio de acopio ante la cuarentena. Sin embargo, en el caso del papel/cartón no puede decirse lo mismo debido al cierre de los comercios, aunque la colaboración ciudadana se mantuvo igualmente.

Deslizó que, lo que pueda pasar a partir de ahora es impredecible debido a que estamos ante una crisis sin precedentes, pero todo apunta a que también podremos leer a través de los residuos las consecuencias económicas del COVID-19.

Valorización energética antes que vertido

Ante el incremento exponencial de la generación de residuos sanitarios y la falta de capacidad de las instalaciones que venían procesándolos, se recurrió a las plantas de valorización energética para complementar esta labor, ya que solo éstas pueden garantizar la destrucción de elementos sanitarios de bajo riesgo tales como guantes, batas, mascarillas y asimilables.

Indicó que en Europa hay más de 500 plantas de valorización energética, considerándose el tratamiento más adecuado para los desechos no reciclables. Le entristece pensar que, en España, con solo 11 plantas de estas características, un alto porcentaje de residuos sanitarios contaminados por coronavirus hayan acabado en vertederos de 10 comunidades.

Por su parte, en comunidades tales como Galicia, País Vasco, Mallorca, Cataluña, Madrid, Melilla y Cantabria, donde sí disponen de plantas de valorización energética, “las cosas se han hecho como en cualquier país de la UE concienciado con la protección del medio ambiente”.

Abundó también Orrego en que el papel preponderante de la valorización energética sobre el vertido está escrito en la normativa europea, aludiendo a estas plantas como “instalaciones que garantizan la puesta en valor de los materiales mediante la producción de energía cuando finaliza la vida útil de éstos y no pueden ser reciclados”.

Economía Circular no significa “teñir de verde”

Respecto a la economía circular, le asombra que un concepto que emergió en los años 70, se visualice como algo novedoso y que éste se vea reducido a cualquier acción medioambiental por insignificante que parezca, tiñéndola de “verde”.

La economía circular, a juicio de Orrego, es una cuestión de “supervivencia geopolítica por la necesidad de tender a ser autosuficientes en recursos y no tan dependientes de terceros en servicios y suministros”, a lo que añadió que “el término se está convirtiendo en un tema manido que pierde su esencia, ya que para poder aplicar un modelo económico que garantice la durabilidad de nuestros recursos, deberíamos comenzar por tener sistemas de recogidas y plantas de valorización que eviten que éstos acaben en vertederos”

A pesar de que la Directiva Marco de residuos destierra en 2008 a los vertederos al más bajo escalón de la jerarquía, España se ha mantenido como el país europeo que más toneladas totales de basura tira al vertedero y con una nula oposición de los mismos colectivos que cuestionan la construcción de cualquier otro tipo de infraestructura medioambiental. Para poner fin a esta situación, además de llevar a cabo otras actuaciones, España, aseguró Antonio Orrego, requiriría, por distribución geográfica, “doblar como mínimo el parque actual de plantas de valorización energética”.

15 Jun

¿Cómo es esquiar encima de la planta incineradora de Copenhague antes de ir a los Alpes?

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LUGARES DE NIEVE

Con la apertura de las fronteras dentro de la Unión Europea, en nada podremos volver a esquiar en los glaciares de Francia, Suiza, Austria e Italia o en Noruega. Pero también en Copenhague, la capital de Dinamarca.
El techo de la planta de incineración de residuos, el “Copenhill”, es la nueva atracción de la ciudad.
Con 450 metros de largo, se encuentra a unos 10 minutos del centro de Copenhague y se extiende desde el techo del edificio, de 85 metros de altura, sobre la fachada y hasta ras de suelo.
Copnehill a principios de este mes de juino. (Foto: Copenhill Urban Mountain)
“A pesar de la vista inusualmente verde, la pista de esquí te da la sensación de conducir como nieve dura”, explica Christian Ingels, CEO de CopenHill, que opera las instalaciones de esquí en el área portuaria de Copenhague.
El precio por una hora de esquí es de unos 20 euros y el pase de 3 horas cuesta unos 46 euros.
En Copenhill no solo hay pistas para todos los niveles de dificultad a las que se accede mediante 4 remontes mecánicos, también hay un pequeño snowpark y una tienda de esquí que incluye alquiler de material.
Además, en la cota alta del complejo, como en muchas estaciones de esquí tradicionales, hay un restaurante para después de esquiar, rutas de senderismo entre abetos y prados, y un muro de escalada de más de 85 metros de altura. Todo ello, para que incluso los no esquiadores puedan disfrutar de Copenhill.
Foto: Copenhill Urban Mountain
“Queremos ser el lugar donde las familias pasen sus fines de semana, donde los amigos se reúnan para divertirse y donde los estudiantes pasen su tiempo al aire libre. En resumen: el lugar donde los habitantes de Copenhague vienen para relajarse y hacer ejercicio”, explica Ingels.
Los promotores de la estación de esquí en Copenhague también pretenden que “los daneses se preparen para esquiar en CopenHill antes de que realmente se pongan en marcha en los Alpes”.
(Foto: Copenhill Urban Mountain)
No en vano, la asociación de turismo Saalbach-Hinterglemm, en Austria, es socia de la pista de esquí al aire libre artificial danesa. “Estamos totalmente entusiasmados con el proyecto Copenhill. Aquí los daneses pueden dar sus primeros giros o repasar sus habilidades antes de venir a esquiar a Skicircus”, señala Isabella Dschulnigg-Geissler, directora gerente de Saalbacher Bergbahnen.
Un vídeo descriptivo de la experiencia de esquiar en Copenhill:
12 Jun

La Diputación impulsa la implantación de plantas de compostaje comarcales para avanzar en el tratamiento de la fracción orgánica

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DIPUTACIÓN FORAL DE BIZKAIA

Garbiker inicia el procedimiento de licitación para la puesta en marcha de estas plantas, con un doble objetivo: ampliar la recogida y tratamiento de esta fracción y descentralizar el servicio, de manera que se reduzcan las necesidades de transporte y hacerlo más sostenible y eficiente.

La Diputación Foral de Bizkaia, a través de su sociedad pública Garbiker, ha iniciado el procedimiento de licitación para la puesta en marcha de plantas de compostaje comarcales. Se trata de un paso adelante más de la Institución foral para lograr el objetivo de ampliar la recogida y tratamiento de la fracción orgánica, aumentando la capacidad para gestionar correctamente las crecientes cantidades de biorresiduos que se recogen selectivamente en nuestro territorio en el quinto contenedor (contenedor marrón). Es también la expresión del compromiso con el incremento de la tasa de reciclaje de biorresiduos, en línea con lo que se contemplaba en el II Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos (PIGRUB) y en consonancia también con la filosofía que regirá en esta materia el III PIGRUB, que se encuentra ahora en fase de elaboración.

Con la implantación de estas plantas comarcales, además, la gestión de esta fracción se descentralizará y ello tendrá como consecuencia la reducción de los trayectos en camión de estos residuos y también del compost resultante del tratamiento, aumentando la eficiencia del servicio. Esto, a su vez, redundará en una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y hará más sostenible la recogida y tratamiento del biorresiduo.

De forma paralela a la adquisición de los elementos que compondrán estas plantas comarcales, la Diputación Foral de Bizkaia y Garbiker están desarrollando un proceso de análisis para determinar las comarcas en las que se implantarán los nuevos equipamientos, teniendo en cuenta cuestiones como la cantidad de este tipo de residuos que se generan o la distancia existente entre las comarcas y las instalaciones de Konpostegi, la planta en la que se realiza ahora el tratamiento de la fracción orgánica. Este proceso se prolongará hasta otoño de este año.

En cuanto a la licitación abierta esta semana por Garbiker, contempla la adquisición de tres reactores verticales de compostaje, dos palas cargadoras telescópicas, dos trituradoras y tres cribadoras, ya que después de realizar un análisis previo de los diferentes sistemas que se utilizan para el tratamiento de biorresiduo se ha considerado que es la alternativa que mejor se adapta a las características de nuestro territorio.

Los sistemas de compostaje vertical tienen la ventaja de reducir al máximo posible las necesidades de espacio del proceso. Pueden estar ubicados en el exterior y su instalación no requiere de grandes obras. En el caso de los reactores que adquirirá Garbiker, deberán tener capacidad para tratar un mínimo de 8 toneladas/día de biorresiduos, a los que se podrá añadir poda triturada si fuera necesario para estructurar el material. Además, la sociedad pública foral ha optado por un sistema modulable que permitirá ampliar progresivamente la capacidad de las instalaciones si fuera preciso.

06 Jun

La valorización, clave para evitar el envío de residuos a vertederos

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NOTICIAS DE ÁLAVA

La tragedia humana sobrevenida tras el derrumbamiento de miles y miles de toneladas de basuras y tierras en la planta de Verter Recycling el pasado 6 de febrero también ha dejado al descubierto un par de asignaturas pendientes: la gestión de los residuos –urbanos e industriales– y el control de todos los materiales que llegan a los vertederos. Y no solo es un problema vasco. De hecho, las asociaciones ecologistas llevan años alertando de esta situación que califican, sin medias tintas, de “bomba de relojería”. Otras plataformas como Zero Waste Europe y Retorna proponen la implantación de un canon obligatorio al vertido.

Una medida encaminada a estimular la reducción de residuos que mayoritariamente acaban siendo enviados a vertedero sin recibir ningún tratamiento previo, sin atender a criterios de reutilización o reciclaje. Los últimos datos confirman que España es uno de los que tienen una dudosa conciencia sostenible puesto que es de los que mayor cantidad de residuos lleva de esa manera a vertedero. El porcentaje de reciclaje en se sitúa “entre el 36 y el 37%” y apenas si ha mejorado esa tasa desde 2004, lo que significa que se queda bastante lejos de la norma europea que fija un 50% para este año y apunta que para 2035, solo el 10% de residuos urbanos podrá acabar en vertederos.

Dicen desde Ecologistas en Acción que “el cuarenta por ciento de la bolsa de basura normal es materia orgánica” que podría ser reciclada. Un hecho que, a juicio de Carlos Arribas, emplaza a la sociedad en general y a la clase política en particular a encarar el sistema de separación y de gestión de residuos. El problema, apuntaba Arribas, “es que sale más barato verter que reciclar”. Aboga por poner “obstáculos” a los vertidos tanto urbanos como industriales a través de “un impuesto único” similar al que aplican países como el Reino Unido “para evitar el turismo de residuos”.

DE 38 A 22 EUROS Un ejemplo cercano: la tasa por tonelada que se cobra en el vertedero público alavés Gardelegi es de 38 euros, un precio más elevado que los 16 que pagaban quienes descargaban sus desechos en el colapsado de Zaldibar. Precisamente pocos días después del desastre ocurrido en la planta de Verter Recycling, el propio consejero de Medio Ambiente del Gobierno Vasco, Iñaki Arriola, hacía hincapié en que Euskadi tiene que “replantear a fondo el modelo de gestión de residuos” para que “no resulte tan cómodo y tan barato optar por el vertido como hasta ahora”. E incluso apostaba por medidas disuasorias como la creación de una “tasa ecológica de vertido, una tasa o canon consistente y disuasorio”.

Las voces de las principales organizaciones ecologistas no son las únicas que ponen en cuestión el sistema actual de recogida, tratamiento y gestión. La Asociación de Empresas de Valorización Energética de Residuos Urbanos (Aeversu) se refería también al asunto y hablaba de “desperdicio total de los residuos que deberían ser aprovechados como recursos” y así de paso evitar riesgos tanto ambientales como de salud. Lo decía su presidente, Rafael Guinea, quien ahondaba en el quid de la cuestión: “el vertido en España es extremadamente barato”. En su opinión, para dar vuelta a este escenario, es necesario “un planteamiento técnico y profesional, no sólo político”, en el que “no prime la decisión económica, sino la ambiental y de normativa”.

Según informes estadísticos del Ministerio de Transición Ecológica, la media estatal de residuos que acaban en vertedero supera el 50%. Asturias (74%), Aragón y Canarias (70%), y Andalucía (69%) encabezarían esa clasificación, muy por encima del 27% que se le atribuye a la Comunidad Autónoma Vasca. La Aeversu, que agrupa a una docena de empresas entre las que se cuenta Zabalgarbi, propone como alternativa “el tándem entre valorización energética y reciclaje”. “Tenemos la capacidad técnica”, zanjaban sus responsables.

La valorización energética es la conversión en energía –en forma de electricidad, vapor o agua caliente– para uso doméstico o industrial de aquellos desperdicios que no pueden ser reciclados, una actividad que tiene impactos ambientales pero “a diferencia de los vertederos, donde no se pueden medir, aquí están medidos y controlados”, ilustraba Guinea. Informes de la planta vizcaína señalan que es capaz de producir una cantidad de electricidad comparable al 35% de la energía que se consume en los hogares del Territorio al tiempo de elimina un tercio de los residuos urbanos.

04 Jun

Zabalgarbi apuesta por la innovación sostenible

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EL CORREO

 

Zabalgarbi, la planta vizcaína de valorización energética de residuos, trató el año pasado 224.259 toneladas de basura no reciclable y generó 630,5 GWh de electricidad, equivalentes al 35% de la energía que se consume en los hogares de Bizkaia.

Al mismo tiempo, la planta continúa avanzando en sus procesos de innovación. En la actualidad está trabajando en la ampliación de su instalación fotovoltaica, que triplicará la capacidad y que completará la marquesina solar para recarga de coche inaugurada en 2019. Asimismo, en los próximos meses tiene previsto poner en marcha una planta gasinera, con la que suministrará Gas Natural Comprimido a los nuevos camiones de basura. Ambos proyectos van en línea con su apuesta por la descarbonización y la sostenibilidad.

Zabalgarbi también participa en dos planes Hazitek, el LowCO2 y Recygas, que el Gobierno Vasco ha calificado como estratégicos y en los que la empresa ha invertido 1,17 millones de euros para el periodo 2019-2021. Si se confirma la viabilidad de ambos proyectos de I+D+i, será el anticipo de importantes inversiones industriales en los próximos años.

En el programa LowCO2, la planta trabajará en la captura y valorización del CO2, en la búsqueda de nuevos aprovechamientos de las escorias y en el tratamiento de las cenizas. El proyecto cuenta con un presupuesto total de 4,9 millones de euros y en él Zabalgarbi colabora con Lointek, Calcinor, Cementos Lemona, Petronor, Prefabricados Etxeberria, Sader y Tamoin, además del centro tecnológico Tecnalia, la Escuela de Ingeniería de Bilbao (UPV-EHU), Aclima, Basque Environment Cluster y la consultora Bantec.

El Gobierno vasco lo ha calificado con la mejor puntuación y  lo subvencionará en un 50% junto a fondos europeos Feder. De esta forma, se pretende disponer de nuevos equipos y procesos que permitan reducir las emisiones de CO2 y propiciar la generación de nuevas cadenas de valor basadas en el aprovechamiento del CO2 capturado.

El proyecto Recygas cuenta con un presupuesto de 4,47 millones de euros y en este caso, Zabalgarbi colabora con sus socios Sener y FCC en la mejora de la tecnología de la valorización. El objetivo es investigar y desarrollar la gasificación de residuos, así como su utilización en ciclos de generación eléctrica de alta eficiencia.

La incineración de residuos garantiza la destrucción de cualquier resto de Covid-19

Zabalgarbi es una de las empresas vascas que presta un servicio esencial a la sociedad durante el estado de emergencia provocado por el covid-19.

En estas modernas plantas, la incineración de residuos destruye de forma segura virus y otros patógenos a altas temperaturas. Además, hay que tener en cuenta que la basura se deposita directamente en el foso y de ahí, mediante una grúa, se descarga en el horno, evitando así cualquier contacto humano con los desechos contaminados.

Para proteger la salud pública en general y garantizar la seguridad de los trabajadores en particular en estos tiempos de pandemia, la valorización energética es esencial. Con ella, se garantiza el mejor tratamiento posible de los residuos contaminados que ya no se pueden reciclar. Este es el criterio que se aplica en la Unión Europea, avalado por institutos gubernamentales de virología, como el Instituto Alemán Robert-Koch, que afirma que para este tipo de residuos, la incineración es “obligatoria”.

En el caso de Zabalgarbi, una semana antes de que se decretara el estado de alarma, ya disponía de un plan para afrontar esta grave crisis dentro de la planta. Se creó el Equipo de Coordinación ante el COVID19, encargado de organizar y garantizar que la operación de la planta se realiza de forma segura y que los residuos son tratados de la misma forma que siempre. Con su incineración a más de 1.000 grados, se destruye cualquier rastro de coronavirus en la basura.

17 May

El ecosistema empresarial de reciclaje en Bizkaia representa el 6,6% del PIB

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DEIA

Los gestores son empresas especializadas en la gestión integral de todo tipo de residuos, tanto urbanos como industriales, que ofrecen soluciones para su minimización, reutilización, reciclado, gestión, valorización y deposición final, a través de una buena planificación, soluciones logísticas, así como equipos y tratamientos específicos. Recientemente la crisis del Covid-19 y la designación de actividades esenciales durante la misma, ha puesto de relieve la importancia de la gestión de residuos y el papel fundamental de estas empresas en la sociedad.

Bizkaia cuenta con un sólido ecosistema empresarial en materia de reciclaje que representa el 6,6% del PIB, con una facturación total de 2.642.133.670 euros y con un alto potencial de crecimiento por su capacidad para avanzar hacia una gestión integral de residuos que actualmente da empleo a 6.120 personas. Estas empresas, representadas en Aclima, clúster de Industrias de Medio ambiente de Euskadi, apuestan por la economía circular como área estratégica. Los datos ponen de relieve la importancia económica y medioambiental de este sector, así como el valor del enorme potencial humano, ambiental y tecnológico del sector industrial vizcaino en materia de reciclaje. Además de su relevancia en la economía productiva, estas empresas ejercen una función social dirigida a gestionar los rechazos de la economía para evitar el impacto en la salud de las personas y el medio ambiente.

El concepto de economía circular se presenta como alternativa al actual modelo económico de producción lineal, que extrae materias primas para hacer cada vez más productos que se utilizan y se eliminan. El modelo de ‘usar y tirar’ es insostenible en un planeta de recursos finitos, y cuyos impactos son cada vez más evidentes. Aunque la economía circular afecta a todas las actividades y sectores, los gestores son la pieza clave del nuevo modelo económico. Como ecoindustria, trabaja activamente para minimizar el impacto ambiental de los procesos, productos y servicios a lo largo de todo su ciclo de vida mediante el ecodiseño, para que los productos sean más duraderos; para el reciclaje de los residuos; la remanufactura para devolver a productos usados a su estado original; tecnologías de compostaje; valorización energética, y gestionando depósitos controlados para aquellos residuos que todavía no tienen una salida de valorización.

“Estamos viendo que estas empresas se están adaptado a los nuevos tiempos, incorporando además nuevas tecnologías, digitalización, automatización y la conectividad en la mejora de sus procesos”, apuntan desde Aclima. También observan cómo las empresas que disponen de soluciones basadas en big data, el internet de las cosas, la sensórica, la robótica, los serious games…, están encontrando en la gestión de residuos un ámbito interesante de aplicación. A través de estas tecnologías se van a poder conocer los hábitos de los ciudadanos y sensibilizarlos, predecir la generación de residuos, conocer el recorrido y fin de vida de cada residuo, mejorar los procesos de recogida, clasificación y valorización, etc.

Las políticas de economía circular, en especial el nuevo plan de acción para la Economía Circular de la Comisión Europea en el marco del Green Deal o Pacto Verde Europeo, publicado recientemente, da prioridad a la reducción y reutilización de los materiales antes de su reciclado, garantiza que todos los envases de la UE sean reutilizables o reciclables de aquí a 2030, refuerza la responsabilidad ampliada del productor y centra su actuación en los sectores que hacen un uso intensivo de recursos y que tienen un elevado potencial de circularidad, como son la electrónica y TIC, baterías y vehículos, envases y embalajes plásticos, el sector textil o el de la construcción. Este Pacto Verde Europeo es la nueva estrategia de crecimiento destinada a transformar la Unión Europea en una sociedad equitativa y próspera con una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva que aboga por una política industrial basada en la economía circular.

06 May

Coronavirus waste: Burn it or dump it?

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EURACTIV

Masks, gloves, and other contaminated garbage from hospitals and households, which have been piling up by the thousands of tons as Spain battled through the peak of the COVID-19 pandemic, have undermined recycling chains and overwhelmed processing plants.

Before the pandemic, only 15% of hospital waste material around the world was considered dangerous: 10% was contagious, and 5% was harmful because of its chemical or radioactive properties, according to World Health Organisation (WHO) figures from 2018.

In Spain the most hazardous materials such as cytostatic or cytotoxic medicine was incinerated in specialised plants while the rest was sterilised.

The pandemic has seen an exponential growth in the amount of infectious waste, generated by hospitals and health centres as well as care homes and “medicalised” hotels and homes

In Madrid and Catalonia, the country’s two worst-affected regions, healthcare waste has increased by 300 and 350%, respectively, according to official data.

The Health Ministry on March 19 called for the incineration of urban waste that might be contagious and set up temporary storage units and cement kilns to help waste management companies deal with the excess rubbish.

But the country only has 11 incineration plants for urban waste; four in Catalonia and only one in Madrid. The former opted for the quick incineration of hospital waste while the latter has let the waste pile up.

The European Commission will aim to “absolutely decouple” economic growth from natural resource use in a draft circular economy action plan due to be unveiled in March.

Responding to – and leaning from – the emergency

Catalonia has three autoclave sanitary waste processing plants (which kill microorganisms using saturated steam under pressure), which were able to absorb an average of 275 tons each month before the outbreak.

Between the middle of March and the middle of April, at the height of the pandemic in Spain, waste from COVID-19 rose to 1,200 tons in the region, according to the Catalan Waste Agency (ACR).

“The plants that are authorised to treat the waste are overwhelmed, they cannot cope with such volumes coming from hospitals and hotels converted into clinics. In Catalonia, we discarded storage and have agreed to incinerate the waste at three urban garbage plants,” ACR director Josep María Tost told Efe.

By mid April, this plant had incinerated some 700 tons of COVID-19 waste.

In the Madrid region, the three sterilisation treatment plants are working at full capacity processing a total of 50 tons per day, leading city officials to authorise the burning of part of the region’s sanitary waste in its only urban incinerator, located 15km outside the capital.

The Valdmingómez plant’s director, Maria Jose Delgado, told Efe that some 430 tons of COVID-waste had been incinerated up to 29 April.

Madrid has sent part of its health-care waste to plants in other regions in the country as well as to incinerators in France, while six temporary storage units have been set up “to collect the rest of the waste until the emergency is over and it can be treated,” the regional director for Circula Economy, Vicente Galván, told Efe.

Madrid and Catalonia reflect the uneven approaches being applied in Spain’s two most populated regions to deal with the excess contagious COVID-19 waste, which has presented an additional challenge: the new locations where this waste is now being generated.

Teams from Doctors Without Borders (MSF) have advised around 350 nursing homes throughout Spain, most with face-to-face visits, on how to handle the contagious medical waste generated by the COVID-19 crisis.

“What we teach them is very basic: first we ask them to locate the area of the centre where they can dispose of this kind of waste. Before throwing them into the containers, we recommend that they at least double bag them,” MSF’s emergency coordinator, Montserrat Bartui told Efe.

“And we tell them that whoever is working in the contaminated area should not be the same person who goes to the rubbish container.”

This waste goes into the urban mix container, with the so-called “residual waste”.

The same instruction was given by the Health Ministry to the Spanish households that are home to coronavirus patients or those in quarantine: double bag the contaminated material and place it in the non-recyclable general waste.

But making sure this message reaches everyone in the country is the responsibility of city councils, who have varied widely in their information campaigns.

Tost and Bartui agree that clear and publicly available information is crucial to deal with the ubiquitous gloves and masks that, like the virus, will be a part of everyday life for the foreseeable future

Waste management officials contacted by Efe believe that it will be difficult to prevent plastic or latex gloves from ending up in the yellow rubbish bins intended for containers made out of plastic, metal or cardboard.

Mixed garbage

Before the pandemic, Europe implemented an action programme to limit incineration to non-recyclable materials and progressively reduce what is dumped into landfills.

“Any such changes should comply with the EU law on waste, be necessary and proportionate to protect human health in particular by limiting them to areas and time periods strictly necessary to respond to the risk (…) and strive to maintain the overall objective of separate collection and recycling,” the European Commission said on April 14.

The EC urged member states that decide to “exceptionally” allow alternative waste treatment that could be more environmentally damaging than the normal procedure to make sure that “their use is limited in time and strictly necessary to address identified storage and treatment capacity shortages”.

As a whole, the EU recovered 53.3% of its garbage in 2016, according to Eurostat data. Spain was below that average, with 46.4% of recovered waste.

But COVID-19 has forced even countries with greater recovery capabilities such as Italy (83%) to prioritise burning their waste, a common approach during epidemics such as Ebola in Africa and which is advised by WHO in the first stage of disaster or emergency responses.

At the start of the pandemic, a debate was raised in the European association of waste managers on how to articulate “different disposal methods for households with a confirmed COVID-19 case, such as by taking their waste in red or yellow bags, but we ruled it out because it could be harmful from the point of view of discretion and it could generate problems between neighbours,” ACR director Tost said.

“Common sense compels us to be practical, and we agreed on the ‘three bags’ route,” Tost added.

All of the rubbish collected in the “residual waste” containers during the pandemic will not be separable at the processing plants, after health authorities banned opening the plastic bags and any kind of non-mechanical filtering.

In Spain, “waste management was already an important pending matter” before COVID-19: 82% of the garbage was collected mixed up “and very little was recovered,” Julio Barea, expert in waste management at Greenpeace-Spain, told Efe.

“More than 60% of the garbage was dumped in a landfill.”

“Since the outbreak, that amount has increased significantly because there is no manual sorting of the mixed waste, so it is not recovered. There is no data on how many masks, gowns and gloves are being generated each day.”

“Because of the evidence, we fear that most of this COVID-contaminated waste is being poorly managed and ending up buried in landfills. There is no capacity to do anything else, we are not prepared,” Barea said.

Health vs environment, the COVID paradox

Before the crisis, incineration plants only processed around 10% of waste generated in Spain, according to Greenpeace.

Environmentalists reluctantly admit that the emergency has forced Spain to resort to burning waste, something which they have spent years fighting against.

“Greenpeace is not in favour of the incineration of waste but, given the exceptional situation and following the advice of the experts, temporarily, for this specific waste, there is no other option,” Barea said.

“Ideally there would be enough autoclaves to sterilise the material, but there aren’t.”

Barea warned that “slag and ash make up 30% by weight of what is burned. They become toxic and dangerous waste, only a part of the toxins that are generated is catalogued.”

In its 2018 report “Safe Management of Waste from Health Care Activities,” the WHO warned of the health risks of incorrect management of medical waste “through the release of pathogens and toxic pollutants into the environment.”

“Landfills can contaminate drinking-water if they are not properly built. If waste is incinerated inadequately, this can cause the release of pollutants into the air, such as human carcinogens that have been associated with a range of adverse health effects,” the organisation said.

Authorities in Madrid and Catalonia say that their waste incineration procedures comply with worker safety standards and don’t exceed limits of toxic emissions into the atmosphere.

Madrid’s sustainability director said that the region’s incinerator has “continuous emissions controls, which are maintained during the management of bio-sanitary waste” linked to the coronavirus.

Tost specified that the garbage processed in the incinerators for urban waste in Catalonia is made up essentially of protective personal equipment.

“PPE is made of cellulose or polypropylene in the case of gowns, caps and masks and latex in the case of gloves. They do not carry chlorinated elements, which is what environmentalists are concerned about,” Tost said.

The Greenpeace expert pointed out that along with the PPE tests, tubes, probes, bags, syringes, respirators and other materials with plastic and metal components are being thrown away amid the emergency.

Barea added that “there is no technology to continuously measure dioxins and furans. This is done with annual checks by taking samples in the stacks and taking them to the laboratory for analysis. The plant managers know exactly when the controls are going to take place.”

[Edited by Sam Morgan]

24 Apr

COVID-19, el ‘enorme argumento’ para contar con modelos eficientes de gestión de residuos

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ECOTICIAS

  • Así lo indica ESWET, que defiende la valorización energética de la fracción no reciclable como tratamiento seguro que permite eliminar en las mejores condiciones contaminantes y patógenos.
  • Los trabajadores de gestión de residuos están contribuyendo hoy al funcionamiento de nuestra sociedad, garantizando que los desechos producidos por los ciudadanos se recojan, clasifiquen, reciclen y recuperen.

El brote de COVID-19 evidencia el creciente número de desafíos a los que el mundo debe enfrentarse. La crisis sanitaria que estamos viviendo ha alterado sustancialmente el funcionamiento de servicios esenciales y de determinadas infraestructuras que hoy se han hecho más necesarias.

Tal y como manifestó Patrick Clerens, Secretario General de ESWET, “en estos días, la responsabilidad del sector WtE se ha expandido debido a los efectos disruptivos de los brotes en la recogida de desechos, su clasificación y tratamiento en general. Al mismo tiempo, los operadores de gestión de residuos y su cadena de suministro deben garantizar la seguridad de sus empleados y cumplir con las medidas de emergencia, lo que hace que su misión sea aún más desafiante”.

Por lo tanto, el impacto de la pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de una cadena de gestión de residuos fuerte y resistente. El mundo, tal y como viene advirtiendo la comunidad científica, se enfrentará a una nueva crisis relacionada con el cambio climático, por lo que, según ESWET, resulta particularmente importante evitar una posible falta de confianza de los consumidores que podría desencadenar una oleada de cultura de usar y tirar.

ESWET hace un llamado a la Unión Europea y a las autoridades nacionales para que:

  • Considere a los operadores de gestión de residuos, pero también a los proveedores de tecnología de los que dependen en gran medida para el mantenimiento y los productos, como servicios esenciales en todos los Estados miembros;
  • Se anticipe a las necesidades de todos los servicios esenciales en este brote, así como a cualquier futura crisis de salud y medio ambiente.

Los trabajadores de gestión de residuos están contribuyendo hoy al funcionamiento de nuestra sociedad, garantizando que los desechos producidos por los ciudadanos se recojan, clasifiquen, reciclen y recuperen. Como otros servicios clave, están haciendo frente a las amenazas del COVID-19 para mantener el medio ambiente lo más limpio y seguro posible.

18 Apr

La tasa de recogida selectiva para reciclaje en Bizkaia crece de nuevo y se sitúa en el 50,43%

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DIPUTACIÓN FORAL DE BIZKAIA

Aunque ha crecido la cantidad de residuos generados, este crecimiento ha sido inferior al crecimiento experimentado por la recogida selectiva para reciclaje. Es significativo el descenso de la fracción resto, que suma 346.942 toneladas (5.473 toneladas menos que en 2018), lo que confirma la tendencia a la baja en la recogida de este tipo de residuos que se viene registrando en los últimos siete años. Papel-cartón sigue siendo la fracción con mayor volumen de recogida y también la que más crece, con 5.724 toneladas más que en 2018. La recogida de orgánico ha pasado del 1,77% al 2,12%, lo que se traduce en 2.263 toneladas más con respecto al año anterior.

La tasa de recogida selectiva para reciclaje ha vuelto a crecer algo más de medio punto en Bizkaia a lo largo del año pasado y se ha situado en el 50,43%.

A lo largo del año pasado, se recogieron en nuestro territorio 648.164 toneladas de residuos, una cantidad mayor que la de 2018 (1.590 toneladas más). En cualquier caso, este incremento es notablemente inferior al experimentado por la recogida selectiva, que ha crecido 6.487 toneladas con respecto al año anterior, hasta situarse en 309.221 toneladas.

En cuanto a los residuos domiciliarios, cada hogar de Bizkaia deposita en los contenedores de recogida el equivalente a un kilo de residuos por habitante al día.

Por fracciones, resulta significativo, un año más, el descenso experimentado por la fracción resto, que ha pasado de las 352.729 toneladas de 2018 a las 346.942 toneladas durante el pasado ejercicio. Esta disminución confirma la tendencia a la baja de esta fracción durante los últimos siete años y ratifica que la ciudadanía cada vez separa más sus residuos.

Un hecho este último avalado por el crecimiento progresivo de la tasa de recogida para reciclaje, que se traduce también en el aumento de la recogida selectiva fracción por fracción. La que más crece y también la que mayor volumen presenta es la de papel-cartón, que suma 95.962 toneladas (5.724 más que en 2018). En relación a la cantidad recogida, por detrás de ella se sitúan, por este orden, el vidrio, con 27.326 toneladas (842 más que el año anterior), y los envases ligeros, que crecen en 1.348 toneladas hasta sumar 19.448 toneladas.

También la recogida de orgánico crece durante 2019 y con 12.992 toneladas, se sitúa en una tasa de 2,12%, frente al 1,77% que representaba en 2018. Este incremento ha sido y es una de las prioridades de la Diputación Foral de Bizkaia, que viene desarrollando un importante esfuerzo para conseguirlo en forma de ayudas a la implantación del quinto contenedor y de otras iniciativas, como la prueba piloto para incluir en la recogida de orgánico restos de pescado y carne crudos y cocinados.

Bizkairezikla

Uno de los problemas más frecuentes a la hora de reciclar es saber exactamente en qué contenedor va cada uno de los residuos. Ese problema se puede solventar con la herramienta digital Bizkairezikla, disponible en la página web de la sociedad pública foral Garbiker y en la que se pueden realizar consultas para conocer cuál es el contenedor correcto para depositar un catálogo de más de 6.000 residuos. Estos residuos se encuentran agrupados en 19 categorías: alimentación, bebés, bricolaje, electrónica y electrodomésticos; envases, higiene, iluminación, informática y telefonía; juegos, juguetes y deportes; material escolar y de oficina; farmacia, menaje y hogar; mobiliario, vehículos, obras domésticas, pilas y baterías; textil y complementos; limpieza y otros.

Zabalgarbi, S.A.
Artigabidea, 10
48002 Bilbao
Bizkaia
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